
Hay regresos que no sólo implican cruzar una frontera geográfica, sino también una frontera emocional. Para Clara Bolomo, volver a Catamarca es siempre un acto de gratitud, pero volver con una muestra bajo el brazo al Museo Provincial de Bellas Artes “Laureano Brizuela” representa, además, la consolidación de una búsqueda que empezó hace décadas, entre los libros de medicina y los pinceles. Radicada en Tucumán desde hace tiempo, Bolomo nunca soltó el hilo invisible que la une a su tierra natal.
“Formas de estar”, la exposición que hoy habita las salas de San Martín 316, es una invitación a detenerse. En un mundo que nos empuja a la velocidad y al consumo inmediato, la obra de Bolomo propone una pausa introspectiva. El montaje, cuidado y profesional, transforma el espacio en un mapa de las obsesiones y los afectos de su autora.
La propuesta es dual. Por un lado, aparecen esos retratos de personajes del cine, la música y la literatura que ya son una marca registrada en su carrera; rostros que nos miran desde una subjetividad que sólo alguien formado en la escucha del psicoanálisis podría captar. Por otro lado, irrumpe su producción más reciente: una serie de objetos cotidianos -platos, fuentes, vajilla- que, despojados de su uso funcional, se convierten en metáforas de nuestra presencia en el mundo.
Lo que llevó a una psiquiatra y psicoanalista a dedicarse exclusivamente a la pintura no es un giro del destino, sino una evolución natural. Durante años, ambas disciplinas convivieron en su rutina, alimentándose mutuamente. Hoy, esa experiencia se vuelca sobre el lienzo con una mirada que busca, por sobre todas las cosas, interpelar al espectador desde lo humano. Revista Express dialogó con Clara Bolomo sobre este proceso creativo y la emoción de reencontrarse con el público catamarqueño.
¿Qué es exactamente “Formas de estar”? ¿Cómo la definirías?
No hay un “exactamente”. Propongo el nombre “Formas de estar” y podría continuarse, formas de estar en la vida, en el mundo, desde las miradas, los recuerdos, los encuentros, la alegría, etcétera. Es amplio, sin pretender, obviamente, abarcarlo todo.
¿Qué tipo de obras integran la muestra?
Traje por un lado una serie de retratos, algunos de personajes reconocibles que me convocan, tienen que ver con el cine, la música, la literatura, otros que tienen que ver con mis afectos y también otros que me atrajeron desde lo estético. Por otro lado, esta serie que estuve trabajando últimamente, donde el factor común es ese objeto: plato, vajilla, algo que está siempre en la vida y es la que da el nombre a la muestra.
¿Qué debería “llevarse” alguien que la recorra?
Sabemos que hay varios tipos de espectador, un amplio abanico desde el que tiene alguna formación o relación con la pintura hasta el que la mira por primera vez o la ve por primera vez. Cada uno seguramente se llevará sus impresiones, sus opiniones, todas válidas. Yo como pintora esperaría que funcionen como estímulo, que gusten obviamente y que algo de lo que me movió a mí también se puede percibir.
¿Cómo fue el proceso de producción de esta muestra?
Los retratos fueron elaborados en los últimos años, el tema del retrato es algo que me apasiona, siempre, siempre me convoca. Por otro lado, las formas de estar son trabajos más recientes, desde ellos quise abordar un concepto más abierto y contemporáneo, al menos es lo que intento y que, por supuesto, seguiré trabajando.
¿Hay una lectura política o social en la muestra o es más introspectiva?
Bueno, lo primero que me surge decirte ante esta pregunta es que la muestra es más introspectiva. No tiene explícitamente, la verdad, un mensaje social o político. Pero la verdad, como dije en la inauguración, es inevitable pensar que en estos tiempos en que nuestro país y el mundo no pasan por las mejores épocas para nada, poder hablar de pintura, de arte, es un privilegio que agradezco a la vida. Esta es una forma privilegiada de estar, la verdad.
¿Cuál es tu recorrido como artista?
La pasión por la pintura existe en mí desde siempre. Durante mis estudios universitarios y también en mi práctica profesional convivían ambas actividades, pero desde hace unos años me dedico en exclusiva a la pintura.
¿Dónde te formaste?
Me formé en talleres con reconocidos pintores de Tucumán como José Quiroga, Ramos Gucemas, Kelly Romero y ya desde hace varios años con el maestro Pablo Iván Ríos, a quien siempre estoy agradecida y reconozco por su saber y por su gran generosidad.
¿Cuánto hay de tu formación en medicina en tus trabajos?
Más que la medicina, supongo que fue el psicoanálisis. Este, que está siempre presente. Bueno, fue la disciplina a la que me dediqué en mi actividad profesional. Este y bueno, es una formación que está en mí. El sujeto humano, a fin de cuentas, mi tema.
¿Qué tipo de reacción esperás del público?
Espero que la muestra lleve el placer de la mirada, la reflexión, que abra caminos en el pensamiento.
Si tuvieras que resumir la muestra en una frase, ¿cuál sería?
Qué difícil esa pregunta la de resumir la muestra en una frase. La verdad que lo que podría decirte es que fue hermoso volver a Catamarca. Eso fue muy hermoso y muy agradecida, por supuesto. Quiero decir que el recibimiento del museo Laureano Brizuela de Gabriela Brouwer, su directora y del personal del museo fue extraordinario. Realmente muy agradecida por el profesionalismo y la generosidad de todos ellos.
Encuentro y dimensión colectiva
Laura Maubecín, secretaria de Gestión Cultural, remarcó durante la apertura la relevancia de este desembarco: “Me conmoví al conocer la obra de Clara. Estoy muy contenta de que nos acompañe y de poder compartir esto con nuestra comunidad, con estudiantes y con el público en general. Estos espacios generan encuentro, conversación, pensamiento crítico y nos reúnen alrededor de las obras”.
Por su parte, la directora del museo, Gabriela Brouwer, dijo: “Clara es catamarqueña, pero se formó en Tucumán en el campo de la medicina, especializada en psiquiatría, y eso atraviesa profundamente su obra”. En este sentido, explicó que uno de los cuerpos de trabajo -la serie de platos- remite a procesos de introspección, a los vínculos con el otro y con uno mismo, y a la posibilidad de reencuentro a partir de objetos cotidianos que resultan cercanos. “Allí no se habla de individualidad, sino de una dimensión colectiva”.
Para agendar: La muestra puede visitarse de manera gratuita en el Museo Provincial de Bellas Artes “Laureano Brizuela” (San Martín 316), hasta el 2 de mayo.
Horarios: Lunes a viernes de 8 a 13 y de 15 a 20 hs. Sábados de 9 a 13 hs.
Texto Pablo Vera
Fotos: Ariel Pacheco
