Nuevas denuncias de jugadoras se suman contra un ex entrenador de la Selección Argentina

A través de una presentación pública en el Senado, dos jugadoras denunciaron al entrenador. Ya son al menos ocho las futbolistas que lo acusan y reclaman respuestas.

Las denuncias contra Diego Guacci sumaron en los últimos días nuevas voces y volvieron a colocar el caso en el centro de la escena pública. A los cinco testimonios que habían llegado en 2021 a la FIFA se agregaron ahora al menos tres más -dos de ellos hechos públicos recientemente-, en un contexto en el que las jugadoras decidieron hablar de manera colectiva y exponer no solo los hechos denunciados sino también las consecuencias de hacerlo.

El punto de inflexión fue un conversatorio realizado en el Senado de la Nación bajo el título “La voz en primera persona: hablan las jugadoras”. Durante dos horas, de manera presencial y virtual, futbolistas, ex jugadoras y profesionales vinculadas al fútbol femenino relataron situaciones de acoso sexual, hostigamiento y abuso psicológico que atribuyen al ex entrenador de selecciones juveniles.

Entre los nuevos testimonios aparece el de Magalí Videla, que contó haber sido convocada a la Selección Sub 15 y Sub 17 cuando tenía apenas 15 años. Según relató, el entrenador la hostigaba de manera sistemática por su orientación sexual: vinculaba su rendimiento deportivo con su vida privada, la aislaba del grupo y la amenazaba con dejarla fuera del equipo si hablaba. “Me decía que si rendía mal era porque no estaba con mi pareja”, sostuvo, y describió un trato diferencial, lejos del resto de sus compañeras y sin posibilidad de intervención de terceros.

En su testimonio, sumó un elemento que se repite en otros relatos: el aislamiento físico como mecanismo de control. “Me mandaba a bañar sola, lejos del equipo, en un vestuario gigante donde tenía miedo de que me pasara algo”, afirmó.

Otro de los relatos más duros fue el de Florencia Mercau, jugadora de Morón, cuyo testimonio fue leído en el Senado por su abogada. Allí denunció pedidos de fotos íntimas bajo amenaza de quedar fuera del equipo y aseguró haber recibido intimidaciones directas. El impacto, según se explicó, no fue solo en su carrera deportiva: la jugadora atravesó un intento de suicidio y aún continúa en proceso de recuperación.

A estos testimonios se suma el de Mabel Velarde, jugadora de la selección de Ecuador, quien explicó que decidió hablar más de una década después “por las nuevas generaciones” y reclamó procesos de reparación. En paralelo, familiares también comenzaron a tomar la palabra. La madre de Luana Muñoz relató el desconcierto inicial al conocer lo ocurrido y los cuestionamientos personales que atravesó al reconstruir la situación.

Con estas nuevas declaraciones, el número de denunciantes asciende al menos a ocho, aunque quienes acompañan el caso aseguran que hubo muchas más mujeres que en su momento relataron situaciones similares pero no avanzaron formalmente por miedo a represalias. De hecho, según se reconstruyó, alrededor de 20 jugadoras habrían aportado testimonios en instancias preliminares.

El caso tiene un antecedente clave en 2021, cuando cinco futbolistas denunciaron a Guacci ante la FIFA con el acompañamiento de FIFPRO. El Comité de Ética del organismo recomendó sancionarlo, pero la Cámara Adjudicatoria concluyó que las pruebas eran “insuficientes”. El propio fallo aclaró, sin embargo, que esa decisión no implicaba declarar la inocencia del entrenador ni validar su conducta.

Lejos de cerrarse, el conflicto se profundizó con una serie de denuncias cruzadas. Según expusieron las jugadoras y su representación legal, Guacci y su esposa iniciaron demandas civiles millonarias contra varias de las denunciantes y también contra periodistas que difundieron el caso. Las futbolistas interpretan estas acciones como intentos de amedrentamiento.

En ese marco, también cuestionaron el proyecto de ley sobre “falsas denuncias” impulsado por la senadora Carolina Losada, con el que vinculan directamente su situación. “El mensaje es peligroso: si hablás, terminás peor”, advirtió Camila Gómez Ares, en un video difundido durante el encuentro.

Las jugadoras coinciden en que el problema excede los hechos individuales y apunta a las condiciones estructurales del fútbol femenino. “Buscamos que sea un espacio seguro, libre de violencias”, sostuvo Luana Muñoz. En la misma línea, Gabriela Garton remarcó el costo que implica denunciar: “Pasás de ser jugadora a ser víctima o incluso acusada de mentir”.

Las nuevas denuncias, lejos de cerrar el caso, lo reabren en un escenario distinto: con más testimonios, mayor visibilidad pública y un cuestionamiento creciente a las respuestas institucionales. El eje ya no está solo en lo ocurrido, sino en qué sucede después de que las jugadoras deciden hablar.

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