El guitarrista del genocidio

En vísperas de otra ceremonia de sumisión a los Estados Unidos e Israel, el presidente Javier Milei posteó en sus redes sociales un video confeccionado con Inteligencia Artificial para la antología del alcahueterismo. Se trata de un ritmo flamenco que Trump, ataviado como mariachi, entona tipo El Cigala, con un acompañamiento de Milei en la guitarra que ya lo hubiera querido Paco de Lucía.

En tierras de Jaime Dávalos, Manuel Castilla y Hamlet Lima Quintana, por mencionar solo tres, vale la pena detenerse en la deliciosa letra de “Mister Ultimátum”

reparto tiempo con condiciones.

Es mejor que cooperes

o sufrirás demoliciones.

Si advierto es por algo,

es para hacerte a ti pensar,

soy un héroe compasivo,

siempre doy una oportunidad.

Si te pones tonto,

ultimátum por aquí;

si te pones chulo,

ultimátum por allá.

El que avisa no traiciona,

no hay opciones para ti,

si hay guerras, es tu culpa,

no supiste elegir.

En la ONU hago actos,

saludo con guiño teatral.

Entrego mi lista de condiciones

en papel frontal.

El mundo se queda quieto,

espera mi señal final,

yo hago un gesto muy grandioso

y prorrogo la fecha un poco más”

Y uno fascinado con Borges…

Habrá que rastrear mucho en la historia para encontrar un acto de genuflexión similar al que el presidente acaba de perpetrar. No es el primero, pero debe admitirse que el de guitarrista del genocidio supera cualquier marca.

Habrá que rastrear mucho en la historia para encontrar gestos de genuflexión tan humillantes como los de Milei hacia Trump. Habrá que rastrear mucho en la historia para encontrar gestos de genuflexión tan humillantes como los de Milei hacia Trump.

Milei, único líder mundial que apoya a los Estados Unidos e Israel en las masacres que están perpetrando en Medio Oriente, parte mañana hacia Israel, donde permanecerá hasta el 22 de abril. Participará de los actos por el Día de la Independencia y tendrá un rol protagónico en la ceremonia central y el presidente Isaac Herzog lo condecorará con la Medalla Presidencial de Honor. Es su tercera visita oficial al país desde que asumió. En la anterior, en junio de 2025, anunció ante el Parlamento israelí el traslado de la embajada argentina a Jerusalén.

“Defiendo la causa de Israel y el pueblo judío porque es una causa justa. Lo hago sin especulación política, lo hago porque verdaderamente lo siento así”, dijo.

Sus preferencias personales, fanáticas y mesiánicas, definen la política exterior argentina y rompen toda la tradición diplomática del país.

Es tan inaudito como que no haya una repulsa mucho más firme y extendida a que involucre al país en una guerra absurda, de la que no tiene nada para ganar, y en el respaldo a lo que es desde hace semanas un crimen de lesa humanidad.

Son decisiones tomadas de manera unilateral, sin debate parlamentario, sin consulta a los actores políticos, sin ningún tipo de deliberación colectiva.

Argentina nunca fue un país de alineamientos automáticos. Tuvo fricciones con Washington, mantuvo relaciones con gobiernos de signo opuesto, buscó espacios propios en los organismos internacionales. Todo eso ha sido barrido por una decisión que no emana de una política de Estado sino de las convicciones íntimas de un presidente que confunde su fe con la razón de Estado.

El video del guitarrista y el cantante cierra, con una lógica casi brutal, este cuadro.

Milei no viaja a Israel como representante de la Argentina: viaja como el aliado más devoto de Netanyahu y como el admirador más rastrero de Trump. La antorcha que encenderá en el Monte Herzl no iluminará ningún interés nacional. Arderá exclusivamente para su satisfacción personal.

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