Ni el negocio del hijo de Patricia Bullrich resiste la recesión de Milei

El ajuste impulsado por el gobierno de Javier Milei comienza a impactar incluso sobre empresas ligadas a familias de sus principales dirigentes.

La recesión que atraviesa la economía argentina ya no distingue colores políticos ni vínculos con el oficialismo. El ajuste impulsado por el gobierno de Javier Milei comienza a impactar incluso sobre empresas ligadas a familias de sus principales dirigentes. La última señal llegó con el cierre de locales de Tostado, la cadena de cafeterías cuyo sistema de franquicias está a cargo de Francisco Langieri Bullrich, hijo de Patricia Bullrich.

El dato más simbólico es la baja de la sucursal ubicada frente al Obelisco, sobre Corrientes 999, uno de los puntos comerciales más transitados del país. El local ya cerró sus puertas y fue desmantelado, una imagen que resume la profundidad de la caída del consumo.

Durante meses el Gobierno sostuvo que la economía estaba ingresando en una etapa de recuperación, con salarios creciendo, inflación en baja y actividad repuntando. Sin embargo, la realidad que muestran las persianas cerradas contradice ese relato. La gastronomía, uno de los sectores más sensibles al bolsillo de la clase media, continúa acumulando cierres.

El caso de Tostado no aparece aislado. Le Blé, otra de las cadenas emblemáticas del rubro, redujo su red de 39 a apenas 25 locales. Según datos publicados por iProfesional, acumula 175 cheques rechazados por más de $205 millones y una deuda financiera superior a los $500 millones, mientras crecen las versiones sobre un posible cierre definitivo.

A esa lista se sumó también Los Laureles de Barracas, un restaurante fundado en 1893 que sobrevivió guerras, hiperinflaciones, corralitos y pandemias, pero que terminó bajando la persiana en medio de la fuerte contracción del consumo.

El cierre del Tostado del Obelisco tiene además un peso político inevitable. La empresa está vinculada al entorno familiar de una de las funcionarias más importantes del oficialismo. Si hasta los negocios relacionados con quienes integran el poder comienzan a sufrir las consecuencias de la recesión, resulta difícil sostener el discurso de una recuperación que todavía no aparece en la economía real.

Mientras el Gobierno insiste en destacar indicadores macroeconómicos, las persianas que bajan en las principales avenidas del país cuentan otra historia: la del consumo desplomado, los comercios que dejan de ser viables y una recesión que ya alcanza incluso a quienes, por cercanía política, podrían suponerse menos expuestos a los efectos del ajuste.

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