
En el corazón productivo de Andalgalá, donde el membrillo forma parte de la identidad cultural y económica, la Escuela Agrotécnica de Huaco impulsa una experiencia innovadora que combina formación técnica, desarrollo local y agregado de valor: la elaboración de vino de membrillo.
La experiencia se inscribe dentro de un enfoque pedagógico basado en el aprendizaje por proyectos, donde la enseñanza y la producción se integran en un mismo proceso. “El alumno aprende produciendo y produce aprendiendo”.
El proyecto, llevado adelante junto a estudiantes, se consolida como una de las propuestas pedagógicas más significativas dentro de las prácticas profesionalizantes.
El ingeniero agrónomo José Luis Olas, referente del proyecto, explica que la iniciativa surge a partir de la planificación anual que la institución realiza con sus equipos técnicos. “Todos los años nos reunimos para definir el plan de acción y, en ese marco, apareció la temática del membrillo, que es la fruta identitaria de Andalgalá.
Decidimos trabajar en sus derivados y el vino de membrillo surgió como una propuesta concreta para estudiar y producir con los alumnos”, señala.
La experiencia se inscribe dentro de un enfoque pedagógico basado en el aprendizaje por proyectos, donde la enseñanza y la producción se integran en un mismo proceso. “El alumno aprende produciendo y produce aprendiendo. Se involucra en todas las etapas de la cadena de valor del membrillo, lo que le permite darle sentido a la teoría en un contexto real”, destaca Olas.
Desde la institución remarcan que el objetivo central es fortalecer la educación técnica y promover una formación inclusiva y de calidad.
En ese sentido, las prácticas profesionalizantes ocupan un lugar clave, al constituirse en el principal dispositivo pedagógico para vincular conocimientos, habilidades y actitudes en situaciones concretas de trabajo.
Código alimentario
El desarrollo del vino de membrillo, además, implica un desafío técnico y normativo. Según el Código Alimentario Argentino, el vino debe tener base de uva. Por ello, el proyecto se apoya en una combinación de uva y membrillo, utilizando procesos enológicos tradicionales adaptados a esta innovación. “Es una propuesta nueva para la zona, algo de lo que antes no se hablaba. Estamos explorando, investigando y generando conocimiento”, explica el agrónomo.
La participación estudiantil es integral: los jóvenes intervienen en la elaboración, el registro de procesos, los controles de calidad, la producción de informes y la investigación. “No hay demasiados antecedentes, por lo que buscamos información incluso a nivel internacional. El alumno pone en juego saberes técnicos, pero también habilidades sociales y actitudes. Aprende a hacer, a ser y a estar en un entorno productivo real”, subraya Olas.
Este tipo de experiencias también refuerza el rol social de las escuelas técnicas como actores del desarrollo local. “Tenemos el deber ético de generar propuestas que impacten en la comunidad. El alumno entiende que su formación no es solo individual, sino que está orientada a resolver problemáticas y generar oportunidades en su entorno”, afirma.
Coordinación
El proyecto se sostiene además en una fuerte articulación institucional. La escuela trabaja en conjunto con organismos como el INTA, el municipio, el gobierno provincial y productores locales, lo que permite desarrollar ensayos, firmar convenios y consolidar redes de cooperación.
Esta vinculación con el territorio no solo enriquece el aprendizaje, sino que también facilita la futura inserción laboral de los estudiantes. “Están próximos a egresar y este contacto directo con el sector productivo les da herramientas concretas para el mundo del trabajo o para emprender por cuenta propia”, agrega.
En esa línea, la práctica también habilita el desarrollo de microemprendimientos, promoviendo el espíritu emprendedor bajo la guía institucional. “Se aprende del error, se experimenta y eso les permite pensar en proyectos propios a futuro”, sostiene Olas.
La respuesta de la comunidad ha sido ampliamente positiva. Vecinos, familias y docentes siguen de cerca la evolución del proyecto, generando expectativas en torno al producto final, que actualmente se encuentra en proceso. “Los controles organolépticos y de calidad nos indican que vamos muy bien. Incluso estamos sorprendidos por los resultados”, adelanta.
Presentación
La presentación oficial del vino de membrillo será un momento clave, no solo como cierre de la experiencia educativa, sino también como apertura a la comunidad. “La idea es compartirlo, hacer una degustación y que todos puedan conocer esta propuesta que combina tradición e innovación”, concluye el ingeniero.
Así, la Escuela Agrotécnica de Huaco no solo forma técnicos, sino también protagonistas del desarrollo regional, capaces de transformar los recursos locales en oportunidades productivas con identidad propia.
