
Alrededor de las 22, cuando el plenario enderezaba a su tramo definitorio, las usinas mediáticas afines al oficialismo informaron afligidas que se estaban reforzando las vallas de seguridad en torno al Congreso ante la posibilidad de que los vándalos, reprimidos unas horas antes en escaramuzas más bien modestas, contraatacaran.
Indispensable como “sparring”, el kirchnerismo le resulta a Milei prescindible en la gestión parlamentaria Indispensable como “sparring”, el kirchnerismo le resulta a Milei prescindible en la gestión parlamentaria
Si la reforma laboral es virtuosa o nefasta está por verse, también hay pronósticos para todos los gustos sobre tan incierto aspecto, lo más probable es que no sea ni una cosa ni la otra. De reformas rimbombantes e inocuas está el archivo lleno.
Son evidentes y concretos, en cambio, los beneficios obtenidos por quienes intervinieron en su gestión.
Tiempo récord
Milei se propuso sacar la ley en dos meses, antes de que concluya el período de sesiones extraodinarias. Salvo que naufrague la sesión prevista para el viernes en el Senado, lo logrará, pero incluso en el improbable caso de no lo lograrlo, habrá cumplido con su objetivo principal, que no es, como dicen los libertarios, promover la recuperación del empleo registrado, sino demostrar que está en condiciones de domesticar el Congreso que lo puso a tiro de juicio político el año pasado.
Esta pretensión condujo el tratamiento de la reforma por rumbos estrafalarios, pero febrero termina con la exhibición de una cartografía del poder nítida, con el líder libertario en el centro y el kirchnerismo en un rol de villano que le resulta muy conveniente para estirar su agonía, aunque parezca cada vez más cerca de caranchearle electorado a la dignísima “troska” Miryam Bregman que de volver a la Presidencia.
Milei prospera en la dispersión opositora, pero necesita que la amenaza kirchnerista continúe latente.
Ese es el triunfo “k” en esta instancia.
Sindicalistas y gobernadores
Los extremos de las grietas, aparte de complementarios, son idénticos tanto en su exigencia de subordinación como en la propensión conspiracionista: quien no se subordina es un enemigo.
Tal lógica deja disponible para quienes no la comparten un margen de maniobra estrecho, pero muy redituable si tienen talento para el equilibrismo.
La burocracia sindical y los gobernadores emergen como dos grandes ganadores de la reforma laboral porque entendieron temprano que lo que Milei pretendía era llevarse el trofeo de la domesticación del Congreso.
Así es que la CGT intentó disimular con un paro general que entregó todo, incertidumbre de los trabajadores que dice representar incluida, a cambio de mantener intactos sus canales de recaudación y la impunidad de administración sobre sus cajas.
Las cuotas sindicales seguirán siendo compulsivas, las empresas seguirán siendo obligadas agentes de retención, el dinero para las obras sociales seguirá fluyendo, el oscurantismo administrativo continuará como hasta ahora.
El paro fue un “dígalo con mímica” también adecuado para la narrativa de las Fuerzas del Cielo, interesadas en ocultar las concesiones realizadas a tamaños demonios con tal de que la reforma salga rápido.
Los gobernadores, por su parte, consiguieron conjurar la reducción del impuesto a las Ganancias, que hubiera mermado significativamente sus ingresos por coparticipación federal. Triunfo de los “traidores” al que los leales, por cierto, no habrán de renunciar ni aunque les garanticen la liberación de Cristina.
Otro sainete
De estos ganadores, el más provisorio e inestable es el kirchnerismo.
Febrero también marcó que, si son indispensables para Milei como enemigos, le resultan totalmente prescindibles para la gestión parlamentaria.
El kirchnerismo le sirve a Milei como “sparring” y para identificar con ese sector a todo el que no se le someta incondicionalmente. Los “capitanes de la industria” Paolo Rocca y Javier Madanes Quintanilla, por ejemplo, fueron sindicados como conspiradores por tomar decisiones inconvenientes para el relato libertario: Rocca protestó una licitación perdida por Techint en el ámbito privado, Madanes Quintanilla opacó la victoria de la reforma laboral con el cierre de Fate.
Consciente del valor político que tiene como “sparring”, el kirchnerismo guiona su propio sainete, mientras obtura cualquier posibilidad de renovación que pueda disputarle el protagonismo como enemigo.
En ese marco se entiende el particular ensañamiento sobre los tres integrantes del bloque “Elijo Catamarca” y el gobernador Raúl Jalil en la sesión de la Cámara de Diputados.
Obedece a que fue escisión de Sebastián Nóblega, Fernanda Ávila y Fernando Monguillot la que privó al bloque “k” de su condición de primera minoría en el cuerpo tras el recambio parlamentario.
Esto implicó la pérdida de cargos, gravitación en las comisiones y canonjías varias, además de la evidencia institucional del retroceso político.
Los catamarqueños no quisieron resignarse al papel que asume Axel Kicillof en el PJ de la Provincia de Buenos Aires. Lo mismo está pasando en la Cámara de Senadores con el bloque “Convicción Federal” que integra Guillermo Andrada.
Recién advirtió el kirchnerismo metropolitano la importancia del interior cuando se quedó sin las armas con las que lo había mantenido en cintura durante décadas. Si no interviene el PJ de Catamarca es porque la presidenta del partido es Lucía Corpacci, que conforma el politburó nacional.
Pero el eclipse avanza, indiferente a las sobreactuaciones. Sectores del justicialismo local ultrakirchnerista intentaron montar el viernes un escrache contra los diputados de “Elijo Catamarca” en la sede partidaria de avenida Güemes. La convocatoria fue insignificante, prácticamente nula, muy contrastante con las viralizaciones de las redes sociales.
Fracasada la maniobra política, abrieron el frente burocrático y metieron un pedido de expulsión.
Terapia de desmesura contra la impotencia del ocaso.
