Facturas de Trump

En el encuentro de su Consejo de Paz, realizado en Washington, Donald Trump volvió a envanecerse del rol para él clave que desempeñó en las últimas elecciones argentinas.

Javier Milei, el primer jefe de Estado que firmó la incorporación al Consejo trumpista, estaba por supuesto presente y fue otra vez objeto de las lisonjas del líder republicano. “¿Dónde está el presidente Milei? Le di mi apoyo. No se supone que deba apoyar a la gente, pero apoyo a la gente que me gusta”, lo endulzó ante el hospitalario auditorio. Unos minutos después metió el dardo refiriéndose a los comicios: “Este caballero, Milei, iba un poco por detrás en las encuestas, pero terminó ganando en forma aplastante”.

Se ve que el tipo no puede con su egolatría, o tal vez abrigue muy en el fondo de su subconsciente alguna duda sobre la solidez de la gratitud de Milei que lo inducen a refregarle cada tanto que le debe, si no la victoria, el salvataje del Tesoro norteamericano dispuesto al borde del colapso financiero.

También trasmitió su respaldo al primer ministro de Hungría, Víktor Orbán, que enfrenta elecciones en abril. “Tienes mi total apoyo, Víktor. A Milei le fue bastante bien con mi apoyo”, expresó.

No se sabe si Milei registra el pase de facturas que suponen estas insistencias más bien humillantes, en el marco de transacciones personales que signa la geopolítica de Trump. Seguramente sí, pero no tiene demasiado margen para desmarcarse, ni tampoco ganas.

Aparte, lo que dice Trump es cierto. El fantasma del colapso financiero que sobrevoló Argentina a mediados de 2025 fue disipado por la intervención directa del Tesoro norteamericano, que incluyó un “swap” de 20.000 millones de dólares con el que el líder norteamericano se envaneció de haber ganado dinero. El hecho de que también haya pagado costos políticos internos por el auxilio ha de incidir también para cobrarle a Milei el favor en público cuando se le presenta la oportunidad.

El salvataje ha funcionado como un respirador para el programa económico libertario, pero también como una correa de transmisión que limita su autonomía. Cada vez que Trump recuerda en público que “le dio su apoyo”, está enviando un mensaje a los mercados y a la geopolítica: la estabilidad argentina surge de su aval personal y ese aval tiene condiciones.

La alineación automática en incondicional con la agenda de Washington es la médula de tales condiciones y tal vez no sea casual que el recordatorio al libertario haya sido reiterado precisamente en el Consejo de Paz que Trump conformó por fuera de la ONU. Milei correspondió comprometiendo la concurrencia de los Cascos Blancos en Gaza.

Como el húngaro Orbán no le debe nada, el respaldo del presidente de los Estados Unidos para las próximas elecciones ha de interpretarse como un intento de atribuirse algún mérito por un eventual triunfo. Trump se postula como el centro de una internacional conservadora en torno a quien deben orbitar los demás líderes, pero está limitado en sus ambiciones porque no tiene reelección. Debe ser angustiante para tamaño ególatra.

Al respecto, el periodista Jaime Bayly hizo recientemente unas declaraciones que bien podrían aliviar a Milei en el improbable caso de sentirse afectado anímicamente por el condescendiente paternalismo de Trump.

“Trump tiene algunas cosas que a Milei le gustaría tener: tres o cuatro billones de dólares, una mujer que parece una modelo, un avión o varios, un helicóptero, un castillo en Palm Beach, campos de golf, una torre en la Quinta Avenida. Pero Milei tiene ciertas cosas que acaso Trump le envidiaría: es relativamente joven, puede reelegirse, canta y baila bien, tiene una melena frondosa, leonina y no está atado a ninguna mujer, lo que le permite ir de picaflor”, ironizó Bayly.

El caso Libra no es tan tenebroso como el del pedófilo y tratante de niños Jeffrey Epstein, podría añadirse. n

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