El pichiciego

Pía Cabral

Nadie sabía. Fumaban quietos. Muchos seguían sin hablar, por respeto a las vibraciones, a las explosiones, a las vibraciones; tenían miedo.

– No – dijo el otro; era un bahiense -, se lo caza con perros: va el perro, lo olfatea, lo persigue, y el animal hace una cueva en cualquier lado (…) y en esa cueva falsa se entierra y queda con el culito afuera. Entonces lo agarrás de la cola y lo quitás.

(…)

– Pero a veces – decía – el peludo se atranca en la cueva. Saca uñas y se clava a la tierra y como tiene forma medio ovalada no lo podés sacar ni que lo enlacés y lo hagas tironear con el camión. ¿Y sabés…? ¿sabés cómo se hace para sacarlo?

– Con una pala, cavás y lo sacás… – era la voz del Ingeniero.

– ¡No! ¡Más fácil!: le agarrás la cola como si fuera una manija con los dedos, y le metés el dedo gordo en el culo. Entonces el animal se ablanda, encoge la uña, y lo sacás así de fácil.

– ¡Así se hace con el pichi! – confirmó el santiagueño, contento.

A partir de este relato sobre cómo el animal, también llamado quirquincho, mulita o armadillo, se esconde en la cueva para sobrevivir, el grupo de colimbas adoptó el nombre de “Los pichis”.

En medio de la noche y el bombardeo en Malvinas, conversando a oscuras para pasar el hambre y el frío, los pichis se refugiaban en una improvisada cueva, “la pichicera”, para sobrevivir. La historia la cuenta Rodolfo Fogwill, en “Los pichiciegos” (1983).

“Las islas quedan muy lejos, es un largo viaje”, les dijo Trump a los británicos cuando una periodista de GB News le consultó si EE.UU ayudaría a su país ante un nuevo conflicto. Trump cuestionó la falta de respaldo del Reino Unido a sus operaciones en Medio Oriente: “Tu país no lo está haciendo bien, no olvides que obtienen un gran porcentaje de su petróleo del estrecho de Ormuz y no estuvieron ahí para ayudarme”.

El reclamo sagrado de las y los argentinos es ahora moneda de cambio del presidente estadounidense por la libre circulación en el estrecho de Ormuz en su disputa con Irán.

La pichicera

Inmediatamente después de las declaraciones de Trump, y en justa medida con su talla de pusilánime, Javier Milei reanudó la discusión sobre las Islas. Las declaraciones del Presidente argentino huelen más a servidumbre que a intento tardío de soberanía. La estrategia fue tan mala que no solo no convence a nadie, sino que lo exhibe como el armadillo de esta nueva Argentina en modo supervivencia.

Aislados bajo tierra, los soldados de la novela de Fogwill se organizan para sobrevivir. Consiguen comida, abrigo o combustible mediante un sistema de trueque organizado con las tropas argentinas, a quienes les cambian insumos robados, y eventualmente con los mismos británicos.

En su guarida no tienen acceso a información real sobre el curso de la guerra. La pichicera se convierte en un centro de propagación de mitos, falsas noticias, supersticiones y especulaciones sobre cuándo terminará el conflicto, o qué está pasando en el continente. Un reflejo del clima de desinformación que vivía la sociedad argentina bajo la dictadura.

Como pichiciegos en su cueva, el Gobierno crea un universo propio.

En mayo Luis “Toto” Caputo anunció que en junio comenzarían a correr los “mejores 18 meses” para la economía argentina, pero de dieciséis sectores de la industria, cayeron catorce. Ni hablar de los números de empleo o atraso salarial.

En medio de un raid demencial, esta mañana anunciaron oficialmente que Milei viajaría a Londres por motivos académicos y reuniones empresariales. La decisión ya resultaba al menos un desacierto, en medio de la tensión por las últimas conversaciones públicas sobre el conflicto por las Islas. Pocas horas después, informaron que la gira estaba suspendida. La diplomacia no es un fuerte del Gobierno nacional. Los desajustes rayan el grotesco.

La narrativa del Gobierno nacional está perdiendo vigor. Por ánimo o desánimo de sus pichis escribas. Escondite o abandono de la madriguera.

El pichiciego local elige alimentarse ahora de las sobras de una discusión ajena: la de Trump con el Reino Unido, y proclama una nueva posición del Gobierno que contradice sus propias expresiones y su subordinación a la Thatcher, “líder de la humanidad”.

Bajo tierra o encerrado en la quinta de Olivos, la pichicera, el Gobierno parece acorralado y busca nuevas formas de subsistencia. Mearse entre soldados para no morir. Ya no diseña una estrategia, intenta sobrevivir a lo que queda de mandato mientras en las provincias nuevos líderes no le temen al incipiente posicionamiento.

Como en 2025, cuando EE.UU asistió a la Argentina con un paquete financiero y una línea de swap por 20.000 millones de dólares para sostener su política económica, el pichiciego intenta negociar un día más de vida con el Gobierno de Trump, que ni se inmuta por las rastreras declaraciones de Milei.

Hundido en su pichicera, el Presidente parece no encontrar la armonía en clave de realidad. “Si fuera cierto que no llegan a fin de mes, la calle tendría que estar llena de cadáveres”, elaboró en su último discurso en la Fundación Faro. El aumento de la pobreza es una exageración para nuestro Presidente. Una frase “sensiblera”.

Un amigo le recomendaría a Milei que tuviera cuidado con los escondites, no vaya a ser que se atranque y tenga que venir Trump a sacarlo de su pichicera. Así como lo contó Fogwill en su novela.

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