
La proliferación de bullas aparatosas, provocaciones y peleas de consorcio opera como cortina sobre la “pax libertaria” que se ha afianzado tras la salida de Manuel Adorni de la Jefatura de Gabinete y el casi inmediato lanzamiento de la campaña por la reelección de Javier Milei.
Cunden encuestas y conjeturas sobre la evolución de la escena política, pero comienzan a hacerse cada vez más evidentes las dificultades para articular organizaciones de alcance nacional en condiciones de capturar la representación del malestar social y competir contra el proyecto de continuidad del Presidente el año que viene.
“Provincias Unidas” fracasó en el intento de plantar el germen de una alternativa el año pasado. Las expectativas de un resurgimiento de Macri o una emancipación de Patricia Bullrich que generaron las fisuras en La Libertad Avanza durante el extenso episodio de Adorni se diluyeron con su reemplazo por Diego Santilli.
Por el lado del peronismo, el kirchnerismo esmerila a Axel Kicillof con la intención de convertirlo en un nuevo Alberto Fernández, si finalmente llega a un acuerdo de unidad, o reducir sus chances de llegar a la Casa Rosada hasta anularlas, en caso contrario. La utopía Cristina candidata es la última agresión en este sentido.
Javier Milei es el único paraguas nacional concreto que existe, pero su imagen decae y para gobernar no puede prescindir de acuerdos con gobernadores reticentes a la consolidación de La Libertad Avanza en sus provincias.
Resignaciones cruzadas
La “pax libertaria” es producto de un cruce de resignaciones sobre los escombros del sistema que estalló en 2023.
Para cimentar su reelección, Milei se resigna a no intervenir en las provincias, con excepciones muy puntuales como Buenos Aires, eventualmente CABA y La Rioja, en la que tienen interés los Menem.
Sin ventanilla atractiva para fichar en el orden nacional ni consensos para enfilarse detrás de una figura, los líderes y partidos provinciales se resignan por su lado a quedarse en sus distritos.
Todos son funcionales a Milei y Milei es funcional a todos, mientras no incordie con proyectos libertarios en las provincias. Ese es el equilibrio, que comienza a dejar de ser precario para convertirse en cómodo.
El recambio político por fuera de las filas libertarias se demora porque Mauricio Macri y CFK todavía tienen gravitación y se resisten a alentar otras opciones por una razón muy sencilla: cualquiera que le gane a Milei terminará también por barrerlos a ellos.
Esta lógica es particularmente nítida en el caso de la relación entre CFK y Kicillof. En cuanto a los gobernadores de lo que fue Juntos por el Cambio, temen terminar como peones de Macri en un juego tendiente a negociar con Milei la CABA.
Cuestión de oportunidad
Se extiende entre la dirigencia con aspiraciones de proyección nacional la convicción de que resultará más conveniente diferir la pelea. Si Milei es reelecto, le quedarán sólo cuatro años.
La situación tiene algunas similitudes con la que precedió la reelección de CFK en 2011. Más allá de que la economía todavía se mantenía estable entonces, la muerte de Néstor Kirchner un año antes había generado una empatía hacia la entonces Presidenta que hizo desertar de la contienda a los dirigentes con posibilidades de dar pelea. Ella se impuso en primera vuelta con el 54%, de los votos sobre una constelación opositora en la que el mejor posicionado fue Hermes Binner, con apenas un 17%.
No era oportuno en 2011, la ocasión llegó en 2015 y fue para Macri. Cada vez son más los que entienden que tampoco será oportuno en 2027.
Hay otros ejemplos históricos que atemperan el entusiasmo opositor. Hicieron falta 10 años y la irrupción del FREPASO para superar el fenómeno de Carlos Menem. Pasaron 12 años y tres mandatos presidenciales para desplazar al kirchnerismo.
En este marco, el gobernador Osvaldo Jaldo abrió el juego de la maniobra clásica. Desdoblará las elecciones provinciales de Tucumán para el 9 de mayo. Entre los mandatarios circula la idea de hacer coincidir en ese mes la mayoría de los comicios provinciales, no en beneficio de un proyecto nacional diferenciado, sino para sentarse luego a negociar desde una posición de fuerza con la Casa Rosada.
Razonan en función de un precedente inmediato: el año pasado La Libertad Avanza fracasó en la mayoría de las elecciones provinciales desdobladas, pero se impuso sin atenuantes en la nacional y se llevó puesto el embrión de “Provincias Unidas”.
Ganó en la Ciudad de Buenos Aires con Adorni, eso sí, pero por el hocico y en una elección muy fragmentada. Perdió por paliza en la Provincia de Buenos Aires, porque los intendentes jugaron todo a retener el poder de sus distritos, pero después consiguió ganar las nacionales, por muy poco.
Los cálculos y especulaciones de la casta se desarrollan en el marco de una indiferencia cada vez mayor hacia la política, que no tiene miras de revertirse. Los grotescos de Milei y el impacto de su ajuste se despliegan en ese vacío social y nadie parece en condiciones de poder sacar partido de ellos.
Todos son funcionales a Milei y Milei es funcional a todos, mientras no incordie con proyectos libertarios en las provincias. Ese es el equilibrio, que comienza a dejar de ser precario para convertirse en cómodo. Todos son funcionales a Milei y Milei es funcional a todos, mientras no incordie con proyectos libertarios en las provincias. Ese es el equilibrio, que comienza a dejar de ser precario para convertirse en cómodo.
