
recién es mía la poesía.
(Pernasetti, 2011, p. 17)
Sol Alto se denomina uno de los libros que aquí abordaremos y que fue publicado en 2011 por Ediciones del Dock. Por su parte, el poemario Tanagras que también contemplaremos en este análisis toma su título de las estatuillas de terracota de la antigua Grecia. Esta obra fue presentada en 2024 por la Editorial El Guadal en el marco de la colección Chinitas.
La lectura de los versos de Pernasetti nos lleva a sus cerros de atrás, a su Belén natal y a las mujeres que allí existieron:
Las del cerro de atrás
Crían puyos
urden hijos
hilan destinos
escardan coplas
Hacen cadejos de penas
Traman vidas
tiñen arcoíris
tuercen amaneceres
tizan historias
Con el uso bailando
entibian lana y ternura
con la pala
sueños golpian
Belén es la tierra que recupera el yo lírico a partir de la nostalgia, de la alegría y del recuerdo de la niñez y de la adolescencia. También, trae a través de la escritura las pailas, los telares, los funerales, el dulce de membrillo, las fiestas y tantos elementos más de su pueblo que cobran fuerza lírica en sus páginas. Belén en este corpus literario es sinónimo de poncho y la escritora da cuenta de esta influencia en su poética en la que construye un campo semántico relacionado con el tejido. De esta forma, en sus libros encontramos, entre otros, estos vocablos: uso, muyuna, cadejos, hilos, hilan, ovillos, trama, urdimbre, puyos, urden, tiñen, tizan, lana, escardan. Graciela construye con lana y con palabras sus poemas.
Además, este espacio, Belén, se presenta a partir de un contraste marcado entre el pasado y el presente. Así, en Sol Alto en el poema “El regreso del poeta” advertimos cómo todo ha cambiado y que sus recuerdos impactan contra los nuevos tiempos:
Belén a mitad del camino […]
del sentido y de la nada
La cueca ya no es cueca
la belicha no toma chicha
y el mote está sin picante
La tierra está vacía
las casas no tienen viñas
en los patios ya no hay sombra […]
Ya no es rojo el pimentón
ya no huele a comino
ya no perfuma el anís […]
Los morteros ya no están
ni el maíz
ni las mujeres.
Otra línea temática que observamos en la poesía de Pernasetti es la alegría. Esta está en los colores de los hilos de las tejedoras, en las risas y en los bailes de su pueblo. En Sol Alto, en el texto Famaiwil, la voz lírica dice:
Bailen ovillitos
bailen
en jarro descascarao
[…]
Vení cuma
vení a la minga
que no me salga chesche
lo quiero de colores
p’ alegrar la vida
chaast.
¡Bailen ovillitos
bailen!
El baile, la naturaleza, los colores cubren las actividades cotidianas que se realizan con júbilo. El yo lírico valora la alegría y existe alegre.
Alegría
La alegría
es como las hojas de un árbol
que bailan antes de dejarse caer
Como un mantel colorado
que se mueve al ritmo de la charla
La alegría es como un ramo de flores
que pertenece a todos
Pero la alegría, por sobre todas las cosas, es Meneca, su madre. De ella mamó la actitud de celebrar la vida.
En la entrevista que le realizamos a la poeta nos manifestó que su mamá era alegre y desafiaba algunos mandatos epocales, por ejemplo, “usaba pantalones cuando nadie más usaba y manejaba” y en Sol Alto la voz lírica dice de ella:
Vidalita
Su vida terminó
y otra vida, sin ella
recomienza.
Meneca
sinceridad sin concesiones
afán de beber la vida hasta el final,
la vida como albricia
como descubrimiento
como juego
donde se crea y se inventa.
Mamá linda
salta la cuerda con pollera tableada
juega a la rayuela
[…]
Y vivieron felices
comiendo perdices
[…]
Como las crecientes del río Belén
desbordabas límites desde la trinchera
de la biblioteca popular.
En la comparación con la creciente del río el yo lírico nos presenta a la mujer firme, segura, rebelde y adelantada a su tiempo que cumplió con determinación su rol de directora de la biblioteca popular de Belén.
En Tanagras (2024) la alegría es revolucionaria y también, es sinónimo de cultura. Así lo observamos en el epígrafe de Sandor Márai que elige para introducir el Capítulo I:
¡Imagínate, un pueblo que vive con alegría! Y esa alegría es la cultura.
Además, y por sobre todas las cosas la alegría está en Belén, en sus olores, en sus fiestas, en sus costumbres, en sus tradiciones, en su gente y en la poesía.
Y la alegría es revolucionaria:
Luchar por la propia felicidad es un acto
revolucionario de la mujer
Reírse a carcajadas,
comer algo rico
[…]
Sólo levantando la cabeza se puede mirar el cielo
Por otra parte, tanto en Sol Alto como en Tanagras las mujeres pululan en sus versos. Su poesía inmortalizó a quienes escuchó, miró y admiró mientras fue niña y adolescente. En su lírica caminan, también, las que soportaron la pobreza y además con voz comprometida se nombra a las que sufrieron violencia de género o fueron desaparecidas en los capítulos más oscuros de la última dictadura militar de nuestro país. Nancy, Anamaría, Rosario, Adelaida, Elina, Elena, Dalinda, Martina, Anastasia entre tantas otras serán recordadas por siempre en este mundo de papel creado por un yo lírico nostálgico y agradecido de haber conocido sus historias y su fortaleza de mujeres curtidas, en su mayoría, por el árido clima del oeste catamarqueño.
Ellas las que saben
de sabores encontrados
en el fin de caminos azarosos.
[…]
Amas y esclavas
plumas y cadenas
hambre y sed.
[…]
Las fértiles
las yermas
las gozosas, las ardientes,
las que parecen de hielo.
[…]
las que se olvidaron de ser ellas,
pero que aún esperan.
La poética de Pernasetti está construida en el marco de un entramado de tejedoras, de ancianas y de jóvenes recuperadas a través del amor, de la nostalgia y de una pluma aguda y sensible. También, la alegría es crucial en su obra tal vez porque no sabe existir de otra forma. La alegría es sinónimo de su madre, de las fiestas del pueblo, de las mujeres de antaño, de la vida en su inmensidad. En síntesis, la poesía de Graciela está caldeada entre cerros, hilos, telares, dulce de membrillo y matronas antiguas. Y por sobre todas las cosas Belén es el locus omnipresente en la creación lírica de la poeta y quien ingrese a sus páginas podrá respirar el aire imperecedero del oeste catamarqueño.
