
El sábado 25 de abril, la Villa de Ancasti se convirtió en punto de encuentro para más de 150 docentes provenientes del este catamarqueño y de la vecina provincia de Santiago del Estero. El inicio de diplomaturas en Neurodiversidad y Evaluación del Aprendizaje, impulsadas a partir de un convenio entre la Municipalidad de Ancasti y el Instituto Superior Enrique G. Hood.
En un contexto nacional atravesado por recortes y dificultades en el acceso a la formación sobre todo en sus escalas superiores, la propuesta adquiere un valor esencial. No solo por su contenido, sino también por su accesibilidad: el bajo costo de las diplomaturas es posible gracias al acuerdo entre el municipio y la institución educativa, lo que permite que docentes de la región puedan continuar capacitándose sin tener que trasladarse grandes distancias o afrontar costos elevados.
Durante seis meses, con encuentros presenciales de una vez al mes, Ancasti se posiciona como un nodo de formación en el este, acercando propuestas que históricamente se concentran en otros puntos del territorio provincial.
Esta iniciativa está acompañada de una trayectoria. Andrea Álvarez Toledo, Rectora del nivel superior del Instituto Enrique G. Hood, cuenta con más de tres décadas en la docencia y seis años en la gestión educativa. Profesora en Letras y maestra de teatro, su recorrido está atravesado por una mirada que busca ir más allá de los contenidos formales.
“Creemos en una educación que tenga sentido, que no sea solo transitar la escuela, sino vivirla”, señala. En esa línea, las diplomaturas que impulsa el instituto están orientadas a la formación continua docente, con eje en problemáticas actuales del aula.
La diplomatura en Evaluación del Aprendizaje propone revisar prácticas pedagógicas desde un enfoque centrado en capacidades, como el pensamiento crítico, la resolución de problemas y la comunicación, miradas indispensables hoy en día. Por su parte, la de Neurodiversidad pone el foco en la inclusión, entendiendo que “nadie es igual a otro” y que los diagnósticos no deben ser una etiqueta, sino un punto de partida para acompañar mejor los procesos educativos.
“Necesitamos herramientas, pero sobre todo empatizar con las diferentes realidades”, sostiene Andrea, quien remarca la importancia de generar espacios educativos más abiertos, capaces de alojar las diferencias y responder a contextos cada vez más diversos dentro de las aulas.
La primera jornada de cursado se desarrolló de manera intensiva durante todo el sábado y marcó el inicio de un proceso que, más allá de lo académico, también tiene impacto territorial. La llegada mensual de docentes a la Villa no solo dinamiza el intercambio pedagógico, sino que también fortalece a Ancasti como espacio de referencia en la región.
En épocas donde la educación atraviesa mayores tensiones y dificultades, experiencias como esta generan movimiento, y también construyen respuestas concretas desde el interior provincial. Porque formar docentes, en definitiva, también es una forma de sostener el presente y el futuro en tiempos de crisis.
Romina Pesalaccia
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