
Según datos de la Unión de Kiosqueros de la República Argentina (UKRA) basados en registros de ARCA, el país pierde entre 50 y 70 locales por día, lo que representa un derrumbe histórico para un sector que supo ser el termómetro de la economía familiar.
En diálogo con Cadena 3, Ernesto Acuña, vicepresidente de la entidad, le puso números a una tragedia comercial que se profundizó en el último año y medio. “En noviembre de 2024 éramos 96.000 kioscos activos. Por primera vez en décadas bajamos de los 100.000, cuando llegamos a ser 200.000 en un momento”, relató con preocupación. La última medición fue aún más lapidaria: menos de 60.000 puntos de venta quedan en pie.
Las cadenas y el “sálvese quien pueda”
Para Acuña, el cierre masivo no responde a un solo factor, pero identifica al crecimiento de las grandes cadenas como un golpe letal para el pequeño comerciante. “Esa es una de las principales razones. Por cada kiosco de cadena que abre, te cierran 10 de alrededor”, sentenció.
Además, denunció una “fuga” de la exclusividad del rubro hacia otros canales que, muchas veces, no cuentan con la habilitación correspondiente: “Hoy vas a una farmacia y comprás golosinas, vas a una verdulería y tienen una heladera con bebidas, o vas a un corralón y en la caja tenés un sector de kiosco. La mercadería sale por canales que no son los habituales”.
Consumo en picada y rentabilidad asfixiada
El factor económico interno termina de configurar el escenario de crisis. El dirigente y comerciante —con 27 años detrás del mostrador— aseguró que el consumo cayó un 50% promedio respecto a tres años atrás. El dilema del precio: “Estamos resignando rentabilidad. Tenemos una inflación del 5% o 6% mensual que no podemos trasladar totalmente porque la gente no tiene la posibilidad de pagar ese aumento”. El refugio en las segundas marcas: “La gente busca promociones y se va cambiando a las segundas marcas de cigarrillos. El ajuste y la recesión están”.
La experiencia como última defensa
Ante la consulta sobre cómo se sostiene un negocio en este contexto, Acuña fue tajante: la supervivencia hoy depende de la espalda y los años de oficio. “El que no tiene la experiencia es el que cierra”, afirmó. “A veces los proveedores me aguantan a mí porque me conocen de hace años, saben que febrero es tranquilo. Estamos en la cornisa entre subir el precio y perder rentabilidad, o no subirlo y terminar quebrando”, concluyó con crudeza el representante de los kiosqueros.
